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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Teodoro Palacios Cueto; "Al para siempre capitán"


Teodoro Palacios Cueto nació en Potes, Santander, el 10 de septiembre de 1912, en el seno de una familia humilde. Empezó a estudiar la carrera de Medicina en Madrid y al estallar la Cruzada de Liberación Nacional, tras el Alzamiento Nacional del 18 de julio, abandonó Potes para incorporarse en Palencia a una Bandera de Falange. Combatió durante toda la contienda, alcanzando al final el empleo de Capitán Provisional, que revalidó luego en la Academia General Militar de Zaragoza.


Marchó como Voluntario Falangista a la División Azul, a combatir el comunismo en Rusia, como Capitán de Infantería, quedando encuadrado en la 5ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento número 262. En 1943, se encontraba en la zona de Leningrado, Sector de Kolpino cerca de Krasny Bor, cuando fue hecho prisionero en dicho Frente, junto con 35 hombres, durante la batalla del nombre de esta localidad. 

Padeció cautiverio durante 11 largos años, durante los cuales pasó por diferentes campos de prisioneros en la Unión Soviética, protagonizando hazañas que sacaron de quicio a los rusos y, que entre otras muchas, fueron: En Kolpino, es condenado por negarse a declarar desnudo, ya que aquello atentaba contra su dignidad militar. En Suzdal, es condenado por negarse a efectuar trabajos agrícolas ante un piquete de soldados con armas cortas y perros policía, ya que esto violaba la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra.


Regresó a España en el barco Semíramis en 1954 junto al resto de divisionarios presos que permanecían con vida. Pasados unos meses de la vuelta de la Divisón a España, se casó con su novia de antes de la campaña de Rusia, a pesar de que ella pensó que se había quedado viuda y tuvo con ella tres hijos. Fue su padrino de boda el general Agustín Muñoz Grandes.
Al poco tiempo de llegar, le contactó Torcuato Luca de Tena, que le realizó un libro-reportaje con sus memorias de su paso por los gulags. Tuvo éxito editorial y se tituló "Embajador en el infierno": a los pocos meses de salir en 1955 llevaba cuatro ediciones y en total se hicieron en España una quincena hasta la de Planeta de 1982, traduciéndose al italiano y al francés y editándose en Sudamérica.
Al pisar España realizó una Declaración Jurada de 21 folios de letra prieta, a máquina, en los cuales se detallaban algunas realidades omitidas en el libro, por considerarse inapropiadas en 1955. En sus destinos militares posteriores fue ascendiendo de graduación.

CONCESIÓN DE LA CRUZ LAUREADA DE SAN FERNANDO

A Teodoro Palacios,  le fue concedida la Laureada de San Fernando por su comportamiento durante la batalla de Krasny Bor. En realidad la Laureada premiaba su heroico comportamiento como prisionero durante once años en la URSS. 
Informado de la inminencia del ataque, el capitán Palacios adoptó cuantas disposiciones eran precisas para defender con la mayor eficacia su posición, por lo que ordenó el municionamiento, tuvo siempre en cuenta los más mínimos detalles sobre la situación de las armas, la distribución del rancho frío y el descanso del personal. Teodoro exhortó muy especialmente a todos a que cumplieran con su deber y concretó que la orden era resistir hasta morir.
A las siete de la mañana del día 10 comenzó la preparación artillera, con una intensidad y violencia extraordinarias, que duró dos horas, en la que tomaron parte 187 baterías enemigas y dejó destruida toda clase de defensas. Durante esta preparación el capitán Palacios ordenó la protección de sus armas automáticas para evitar su destrucción, cosa que fue conseguida gracias a sus disposiciones.
Después del primer período intensivo de la preparación, iniciaron el primer ataque los carros de combate y la infantería rusa, que fueron rechazados. Sucesivamente se fueron produciendo nuevos ataques que en oleadas fue lanzando el enemigo, con abrumadora superioridad de medios y hombres. A pesar de la denodada resistencia de las fuerzas españolas, a las 10:30 horas habían sido aniquilados el primer batallón que ocupaba el flanco derecho de la 5ª Compañía. Del Batallón 250 sólo se conservó una posición a cuatro kilómetros de la que ocupaba el capitán Palacios que con los supervivientes de su Compañía quedó totalmente cercado por el enemigo. En estas condiciones continuó resistiendo los incesantes ataques del enemigo, al que causó un elevado número de bajas y le impidió usar la carretera que desde Kolpino penetraba en la retaguardia hacia Krasny Bor, cuya utilización por el enemigo hubiera puesto en grave riesgo a sus compañeros. Los rusos atacaban una y otra vez, apoyados por carros de combate, artillería y aviación. Esta última fue utilizada ante la resistencia que oponía el capitán Palacios, que les impedía ocupar la carretera de Kolpino, punto clave del ataque enemigo. La intensidad del ataque hizo que quedasen destruidas todas las armas automáticas. Fueron aniquiladas totalmente la 1ª y 2ª secciones. En la posición del capitán quedaron 10 hombres pertenecientes a la Plana y 30 de la tercera sección, más cuatro recuperados de otras secciones. De éstos, 30 fueron bajas por heridas o muerte al principio del combate, y aun de los 14 que quedaron al final solo tres no padecieron heridas, siendo los demás heridos menos graves o contusos. En total, hay que calcular en el 90 % de bajas sufridas.






Durante el combate, el capitán Palacios utilizó todos los recursos de su ingenio y conocimientos para mantener la moral de sus tropas, siempre estuvo en los sitios de mayor peligro y demostró poseer un valor heroico y extraordinarias dotes de mando, que hicieron posible tan prolongada resistencia. A las dieciséis treinta horas, agotadas las municiones hasta el último cartucho, tras haber causado un elevadísimo número de bajas al enemigo y después de nueve horas de combate, fue hecho prisionero con un pequeño grupo de supervivientes, en cuya situación permaneció durante once años hasta su regreso a la Patria, dando en todo momento ejemplo de las más altas virtudes castrenses.

Fue conocido como el Héroe legendario de la División Azul. Falleció en Santander, el 27 de agosto de 1980. Tras su fallecimiento, fue ascendido, a título póstumo, a General de División.


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