Una oveja negra en Venecia

Mujica, de 83 años, dice “estar cansado de un largo viaje”, renunció al cargo de senador y se fue en góndola a recorrer los canales del noreste de Italia. A ver el mar Adriático, a inspirarse o a inspirar.
Pepe Mujica es ahora mismo una estrella peculiar en el festival más antiguo e importante de Europa, el Festival de Venecia. 25 minutos de aplausos recibió la cinta La noche de 12 años, que narra el cautiverio de Pepe Mujica durante la dictadura militar. “Las ratas siempre llegaban a la misma hora, visitaban la celda cada noche, con la idéntica misión de cazar migas”, al prisionero José Mujica le servía para sentirse acompañado y menos solo.
A Mujica se lo ha presentado como alguien supremo, único e inspirador y que frente a los “corruptos” gobernantes socialistas de hoy, él es el “único ejemplo en el mundo en el que un presidente puede inspirar”, así de rendido y convencido sobre Mujica se mostró el serbio Emir Kusturica, quien pasó tres años conversando con el expresidente uruguayo para presentar, en este mismo festival, el documental Pepe, una vida suprema.
Mujica se convirtió en un ídolo político y social que recorre el mundo en medio de aplausos y de quienes se ríen de sus buenos y malos chistes, y de reflexiones como “el delito no es robar un banco sino crearlo” o que “la burocracia no es peor que la burguesía”, que hizo de Uruguay el primer país que legalizó la marihuana. Hay uruguayos que le achacan el deterioro de la gestión democrática, que lo señalan de privilegiar el control político sobre el diálogo del pueblo. La austeridad que profesa Mujica, para muchos no ha sido sinónimo de aprobación.
El hombre con una vida que ha inspirado a más de un guionista y que ejerció el cargo de más poder en Uruguay dice que se va acercando a la muerte y que quiere tomarse licencia antes de morir. Regresará a la vida que pocos entienden en un expresidente, que no salió de su vieja casita en una zona rural de Montevideo, donde hay una cocina donde Mujica lava a mano los platos. El mandatario que durante su ejercicio no se cambió los mismos pantalones remangados de algodón que usaba siempre y que ahora solo anhela acariciar a su Manuela, la perra coja que lo ha acompañado durante años. Siempre ha dicho que “después de la pena de muerte, la soledad es uno de los castigos más duros que puede recibir el ser humano”.
Mujica firmó autógrafos, posó para las cámaras en la alfombra roja del festival y dijo que esperaba que pronto pusieran baños en los celulares para ‘viejos’ como él.
Al señor Mujica, la oveja negra en el poder, como se titula uno de los tantos libros que ha inspirado, hay que desearle buena salud y larga vida. Para muchos hay que destruir el legado político y cultural que dejó, para otros queda rescatar sus frases y algunas reflexiones, como cuando afirmó que “uno aprende con lo que vive, no con lo que cuentan”. 
Ruth del Salto.

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