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lunes, 15 de octubre de 2018

El Ejército español

Los ejércitos españoles, que constituyen ya una referencia indispensable en la historia de Europa y de América, han sido siempre portadores de una profunda tradición para nada irracional que se ha ido adaptando desde antaño a los diferentes tiempos y épocas. La tradición no son costumbres, pues ni siquiera éstas son pilar fundamental de aquella. La tradición es el saber y la condición que se adquieren en el paso del tiempo y tras la superación de numerosos avatares siempre en base a unos valores clave. Estos valores como el coraje, la disciplina o el amor a la Patria sí que son pilar fundamental de la tradición militar. Ningún militar español puede hoy despojarse de esa tradición pues ésta es la que metafísicamente proporciona la condición de militar. Si se despojase de ella no sería otra cosa que un mero funcionario que no depende de los valores castrenses y del amor a la Patria sino de un horario laboral y de unos intereses materiales. Por ser tan necesaria, la tradición militar no es que haya sobrevivido, sino que ha vivido a lo largo de toda la historia del Ejército español. Ruego se entienda por Ejército, Fuerzas Armadas. El Estado no ha de dirigir esta tradición ya que ella sola se dirige y conduce. Tampoco los políticos han siquiera de cuestionarla, máxime cuando, como ahora, no se atiende a su importancia y su significado históricos. Los valores sí es cierto que no se adaptan a los tiempos, argumento que suelen esgrimir aquellos que a día de hoy pretenden la desmilitarización y la politización progresista de Ejército, buscando en realidad que éste deje de serlo.  Pero es que es en este punto donde es imperante la necesidad de percatarse del carácter sustancial de esos valores. Éstos no son de carácter espacio-temporal, sino todo lo contrario pues son de un profundo carácter universal, es decir, todas las épocas, todos los hombres, militares en este caso, y todos los lugares. De ahí que no estén supeditados a las exigencias espacio-temporales, sino que lo están a exigencias de su propio ser y de la razón de su origen. Por ello que la disciplina, el coraje, el amor a la Patria no requieren de modificación cuando si podría ser justificable la de las circunstancias que la rodean. Metafóricamente se podría traducir en que es admisible el cambio de traje, en su debido momento, pero no el cambio de la persona, de lo sustancial, de lo que por su propia naturaleza pervive y permanece sin apagarse su llama, a menos que cierto poder insistente y terco la pretenda apagar deliberadamente. Pero aún cuando se consiguiese esto, la llama volvería a encenderse. Me refiero por supuesto al caso de España. La tradición militar es por tanto el resultado o efecto de los valores castrenses, como ya he dicho universales, y de la experiencia del Ejército en cuestión, en este caso el español, a lo largo de la historia.
Esto deja claro la realidad de la tradición militar en cuanto lo que es. Ahora vamos con el problema que se da en la actualidad en el Ejército español. En la actualidad la existencia de una corriente de pensamiento denominada políticamente correcta en colaboración con el Estado, más concretamente gobierno, y la masonería pretenden la politización del Ejército, la depuración de su tradición, la destrucción de sus valores, y su conversión en ONG y en alternativa especializada y mejorada al Cuerpo de Bomberos para la extinción de incendios, generalmente entre los meses de Julio y Agosto. La infiltración de la masonería entre los altos mandos, la manipulación a los componentes de la oficialidad, las leyes aplicadas al Ejército marcadas por un exagerado grado de progresismo e incoherencia combinada con estupidez, la presión a quienes se mantienen fieles a los valores castrenses, la permisión de la ridiculización del Ejército en los medios de comunicación, la desvinculación del Ejército para con la fe católica asumida por el gobierno sin tener en cuenta la consideración del Ejército con respecto al tema y añado que además siempre, repito, siempre se ha permitido en el Ejército una completa de libertad de conciencia religiosas individual de acuerdo, claro está, con el momento histórico; la sustitución, prosigo, del amor a la Patria por el “amor a la democracia” demostrándose en las sustituciones de los carteles con la inscripción “Todo por la Patria” por otros en los que se pueda leer “Todo por la democracia”, la aniquilación de la historia militar por no ser la que les hubiera gustado a los políticos progresistas y la influencia política en pos de la pérdida de la disciplina. Son estos los principales factores que están causando la sustitución de un Ejército con valores y tradición al servicio de España por un mecanismo con horarios y personal al servicio de la masonería, el progresismo y la corrección política.

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