Batalla de Krasny Bor - Diario Alcázar

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sábado, 24 de noviembre de 2018

Batalla de Krasny Bor


Febrero de 1943, los soldados de la División Azul libraron un combate que figura entre los más encarnizados que los españoles hayan tomado parte en el siglo XX; un episodio conocido como Batalla de Krasny Bor. El marco para esta batalla es, a primera vista, sorprendente. Combatieron, en lo más duro de un crudo invierno, de un lado, los hijos de la soleada España, vestidos con uniformes alemanes, frente a ellos, los soldados rusos del Ejército Rojo. Y todo ello en un lugar tan remoto como los suburbios de San Petersburgo (Leningrado), la ciudad que Pedro el Grande, Zar de todas las Rusias, había levantado junto al Golfo de Finlandia."Carlos Caballero Jurado. Morir en Rusia"


La espera en las posiciones es casi inaguantable a -25 grados bajo cero. Los 5.000 divisionarios destacados en el frente de Krasny Bor llevan toda la noche escuchando a las tropas soviéticas organizarse en el pueblo de Kolpino, a escasos tres kilómetros de sus líneas defensivas.


El sonido de los motores encendidos de los tanques rusos durante toda la noche para evitar que se congelen antes del ataque ya saben qué significa: es la hora de luchar hasta la muerte, hasta el último hombre, hasta el último cartucho. Las órdenes son resistir aunque el suelo se hundiese bajo sus pies. Y así cumplirán sus órdenes.



Krasny Bor fue una batalla que tuvo lugar el 10 y 11 de febrero de 1943 , cuando en el sector del frente de Leningrado, que fue defendido por la División Azul , recibió el ataque de todo un Ejército ruso compuesto de 4 Divisiones. El general Zukov, posterior héroe soviético por liberar Stalingrado y tomar Berlín, tiene a su disposición 44.000 hombres, casi 100 tanques, otros tantos aviones y 800 cañones de artillería. En frente, 5.000 hispanos con metralletas, fusiles, granadas y minas anticarro. Sobre el papel era imposible perder. Qué caprichoso es el destino.

Inicialmente, todo parecía perdido para los guripas españoles (Como se les nombra a los divisionarios), pero las sucesivas oleadas de soldados rusos embravecidos por la enorme superioridad de sus recursos y por el nivel de vodka en sus venas, poco pudieron hacer frente a los soldados de la 250º División, que se habían clavado al terreno de Krasny Bor con la firme decisión de resistir hasta el final. El coste fue brutal, 2.253 bajas españolas frente a las 11.000 soviéticas. Posiblemente, ningún ejército ha vuelto a estar sometido a tal embestida. Algunas compañías habían perdido hasta el 80 por ciento de sus componentes. La media era el 50 por ciento.


A las 6.40 de la mañana comienzan las bocas de artillería a escupir fuego sobre sus posiciones. Cada una de ellas disparaba un obús cada 10 segundos. Había 800. Miles y miles de obuses caen sobre ellos convirtiendo las posiciones en campos de Marte. Después de dos horas no quedó piedra sobre piedra. La tierra estaba batida como si Dios hubiera bajado a removerla con un utensilio de cocina. La nieve, derretida, convirtió aquello en un lodazal impracticable. Cuerpos y cuerpos se volatilizaban sin dejar ni un rastro de sangre, la carne era machacada y los huesos triturados. Pero las posiciones no se movían.



Cuando la artillería empezó a tirar a las segundas líneas vino el ataque aéreo. Si alguien había quedado vivo, los aviones se encargarían de ello. Al menos es lo que en circunstancias normales ocurre.. No con los españoles.


Los tanques no podían avanzar como se había planeado porque el terreno era impracticable. Era imposible evitar que las cadenas se atorasen de tanto barro. Le tocaba el turno a la infantería.


Los voluntarios españoles que quedaban, salen de sus agujeros y trincheras –o lo que quedaba de ellas- e intentan reagruparse para frenar el avance soviético. Las MG barren con su cadencia de 1.300 disparos por minuto las oleadas incesantes de soldados. Caen como moscas. Los cañones, al rojo vivo, parece que van a fundirse. Las posiciones, después de dejar montones de cadáveres, son sobrepasadas y el combate ya es cuerpo a cuerpo.


Los guripas usan todo lo que tienen al alcance para evitar el avance enemigo. Batallones luchan hasta el final. A media mañana, el frente se había roto por tres puntos, pero los voluntarios españoles de la División 250 del ejército alemán no se rinden. Los que quedan hasta piden fuego de artillería sobre sus posiciones demostrando que antes que la vida propia está el honor. La 4º ª División SS Polizei no acude en su ayuda porque viendo la intensidad del ataque ruso piensan que nadie puede quedar vivo. Se dedican a fortificar sus posiciones ya que creen que les queda poco tiempo antes de que el combate llegue a sus líneas.


La operación Estrella Polar se ve frenada en seco por un puñado de españoles mal vestidos y mal equipados. Los españoles siguen en la brecha, cráter a cráter, palmo a palmo. Los capitanes de las compañías que siguen vivos se mueven de un lado a otro intentando mantener la moral alta y dando las pocas órdenes que se puede dar en una batalla semejante.


Después de casi 10 horas desde el comienzo de la artillería, el ataque soviético se debilita poco a poco hasta finalizar. El frente solo ha retrocedido tres kilómetros en algún sector, pero se consigue evitar que el cerco sobre Leningrado se rompa. El precio son 2.800 bajas españolas y más de 12.000 rusas. La proporción es de uno a cinco y sin más apoyo que los mismos divisionarios. Nadie les vino a socorrer.La operación Estrella Polar, por la que Stalin quería liberar Leningrado y pasar al ataque, se ve frenada en seco por un puñado de españoles mal vestidos y mal equipados. Los alemanes no se lo pueden creer. Jamás habían visto a nadie luchar de aquella manera. En Krasny Bor descubren el carácter que impregna la sangre hispana, heredera de una tradición guerrera como ninguna.

Los pocos prisioneros que son capturados por los rusos son rápidamente interrogados para descubrir cómo ha podido ocurrir esto. Se piensa que la División Azul había utilizado una de las famosas armas secretas de Hitler de las que se rumoreaba tanto. Zukov no se cree que tan solo hayan sido 5.000 españoles los que han infringido una de las mayores derrotas del Ejército Rojo hasta el momento. En lo sucesivo, los soviéticos evitarán siempre que sea posible enfrentarse de nuevo a los voluntarios españoles.

"Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español..." Jürgens, General de Artillería, Comandante General del XXXVIII Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht en su libro La División de Voluntarios españoles



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