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jueves, 29 de noviembre de 2018

El saqueo de Roma por las tropas de Carlos I de España y la huida del Papa

El saqueo o saco de Roma (adaptación al castellano de la voz italiana sacco di Roma)​ tuvo lugar el 6 de mayo de 1527 por las tropas imperiales y españolas de Carlos I y señaló una victoria crucial en el conflicto entre el Sacro Imperio y la Liga de Cognac (la alianza del Papado, Francia, Milán, Venecia, y la Florencia contra Carlos I de España y V de Alemania). 

Este terrible saqueo, del que fue totalmente ajeno el emperador Carlos, tuvo cierto componente anti-católico debido al gran número de mercenarios luteranos que integraban el ejército imperial, produciéndose lamentables escenas de terror.  



El Papa Clemente VII declarado anti-español jaleó contra España cuando ésta extendió sus dominios por toda Italia. Es de recalcar que mientras el pontífice se preocupaba por encabezar alianzas contra otros reyes cristianos, los ejércitos otomanos de Solimán I «el Magnífico» avanzaban sobre el reino de Hungría. 

La hostilidad del Clemente VII hacia Carlos I de España terminaría saliendo muy cara al Pontífice, quien presenció en primera persona a la Guardia Suiza sacrificando sus vidas para salvarle, (naciendo de ahí parte de su leyenda) a las puertas del Castillo de Sant'Angelo. 




Las tropas imperiales de Carlos I de España y V de Alemania partieron desde el Milanesado (Milán). Las órdenes del Emperador a Carlos de Borbón –comandante en jefe de los ejército) pedían limitarse a presionar al Papa pero sin ocupar la Ciudad Eterna. Lo que no había previsto Carlos I era la dificultad de sujetar a un ejército al que se le adeudaban numerosas pagas, ante una ciudad como era la antigua capital del Imperio Romano. 

Cuando las tropas se situaron frente a las viejas murallas de Roma y fueron conscientes de que el Papa se negaba a pagar la indemnización que reclamaba Carlos I de España, todo quedó alineado para la tragedia. El 6 de mayo, los soldados españoles lanzaron una acometida desde la puerta Torrione, mientras los lansquenetes mercenarios acudieron a la puerta del Santo Spirito. Precisamente junto a esta puerta cayó muerto Carlos de Borbón al disparo de un arcabuz en el muslo. Sin la principal cabeza del ejército, las tropas desataron su furia por la Ciudad Eterna. Tras la ejecución de unos mil defensores comenzó el pillaje, arrasaron todo durante días, sembrando el terror en Roma.

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En la huida del propio Papa, 147 de los 189 soldados de la Guardia Suiza que lo custodiaban, cayeron en defensa del pontífice, que finalmente logró escapar a través del Passetto, un corredor secreto que todavía une al Vaticano con la fortaleza del Castillo Sant'Angelo. Permaneció un mes recluido en la fortaleza. 

Carlos I estuvo grandemente disgustado llegando a presentar disculpas formales ante el derrotado papa —de hecho se vistió de luto por un buen tiempo en recuerdo de las víctimas. Clemente VII pasó el resto de su vida intentando evitar conflictos con Carlos V, sin tomar decisiones que pudieran disgustarle (por ejemplo, le negó a Enrique VIII de Inglaterra una nulidad matrimonial porque Catalina de Aragón era la tía de Carlos), naciendo de ahí la ruptura anglicana con la Iglesia Católica.

Tras las victorias españolas en la batalla de Bicocca de 1522 y en la batalla de Pavía de 1525 sobre los poderosos ejércitos franceses, el poder de Carlos I sobre Italia ya resultaba incontestable. El rey Francisco I de Francia fue también capturado por las tropas españolas, siendo llevado a Madrid dónde pasó una temporada curándose de humildad. Por otro lado, el Papa Calemente VII accedió a imponer y coronar personalmente a Carlos V con la corona del imperio en una pomposa ceremonia celebrada en Bolonia.

El hijo del Emperador Carlos, Felipe II, terminaría siendo años después el único monarca cristiano que acudió a la llamada del Papa para defender Europa del invasor islámico, acudiendo con la escuadra española y venciendo en la Batalla de Lepanto al ejército otomano.


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