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viernes, 30 de noviembre de 2018

La Conquista cristiana de Baeza por Alfonso VII

El desmoronamiento del poder musulmán facilitó a Fernando III la conquista definitiva de Baeza en 1226. Pero esta no era la primera vez que los cristianos habían intentado su asalto, y de hecho, en ocasiones anteriores, y con muy distinta suerte, ya había sido objetivo de las tropas castellanas. No obstante, coincidiendo con las complicadas circunstancias que se vivieron en Al-Andalus tras la desaparición del califato en el siglo XI y el nacimiento de los primeros reinos de Taifas, se produjo un lento pero seguro avance de los reinos cristianos hacia el sur, que fue momentáneamente detenido con la invasión almorávide a partir de 1086, a la par que se producía una importante crisis política en Castilla.

Sin embargo la dependencia de Al-Andalus de este imperio norteafricano duró relativamente poco, ya que el nacimiento en 1125 del movimiento almohade en la región del Atlas, y su posterior expansión a costa de los almorávides, obligó a sus gobernantes a centrar su interés en el Magreb, permitiendo que las disensiones existentes en Al-Andalus debido a su intransigente política, crecieran, provocando así la desintegración de su poder. 

El rey Alfonso VII aprovechó esta situación y realizó varias incursiones contra Al-Andalus, en medio de su política de desgaste contra los musulmanes, que tenía como finalidad mostrarles que los almorávides habían dejado de ser efectivos como defensa frente a los cristianos. Su intención era que se constituyera un poder islámico peninsular sometido tributariamente a Castilla-León, y mientras, aprovecharse de las divisiones internas del Islam, anexionándose algunas plazas. El reyezuelo “elegido” por Alfonso VII para realizar esta labor fue Zafadola (el último de los descendientes de los reyes taifa de Zaragoza destronados por los almorávides), quien, como rey vasallo del castellano, había sido reconocido como señor por los musulmanes de Murcia, Orihuela y Valencia, y tuvo cierto dominio en Baeza, Úbeda y Jaén con ayuda de algunas tropas cristianas que le envió Alfonso VII.

Sin embargo, terminó enfrentándose a sus aliados cristianos muriendo en 1146. Un año después, los almohades iniciaban la conquista de Al-Andalus. El último gobernador almorávide, Ibn Yahyà b. Gāniya, reaccionó inmediatamente prestando vasallaje a Alfonso VII, por lo que continuó gobernando en Córdoba, Úbeda y Baeza bajo la protección del castellano.

LA PRIMERA CONQUISTA DE BAEZA 

El cambio en la situación política llevó a Alfonso VII a realizar una gran expedición en 1147, cuyo fin era intentar controlar Almería, y con ella las costas y las rutas marítimas mediterráneas frente a la piratería musulmana y, sobre todo, frente a la potente flota almohade. Era un proyecto excesivamente ambicioso, para el que contaba con la ayuda de Pisa, Génova, Ramón Berenguer de Barcelona y Guillermo de Montpellier. La expedición, que se inició en Toledo en el mes de mayo, y después de ocupar Calatrava, penetró lentamente por el alto Guadalquivir, asegurando el dominio de las plazas por las que pasaban a fin de cubrir su avance hacia Almería. Así, entre mediados de julio y mediados de agosto, Alfonso VII tomó Andújar y Baños de la Encina, y asedió Baeza, hasta que finalmente Ibn Yahyà b. Gāniya, se la entregó junto con Úbeda, a cambio de respetar su dominio en Jaén. 


La leyenda achaca la conquista de Baeza a la maravillosa intervención de San Isidoro de Sevilla, quien se apareció al rey la noche anterior, prometiéndole ayuda en la batalla y su victoria. En agradecimiento a este favor, Alfonso VII creó la Real Cofradía del Pendón de San Isidoro en la colegiata de San Isidoro de León, que custodiaba el pendón de las tropas castellanas utilizado en el cerco de Baeza, y que, según Ambrosio de Morales, había mandado bordar el propio monarca para que los llevara a la victoria. 

Esta cofradía aún existe, custodiando un pendón de fondo morado que lleva bordada la efigie ecuestre del Santo que blande la espada y enarbola la cruz. De una nube surge el brazo de Santiago empuñando una espada. Además está bordado el blasón de Castilla y León, una estrella y pequeños castillos y leones distribuidos en la parte superior. Desde Baeza, el ejército se dirigió a Almería, dejando posiblemente retenes a lo largo del camino, para finalmente, y después de un largo asedio tanto por mar como por tierra, conquistar la ciudad almeriense el 17 de octubre de 1147. 

Poco conocemos sobre la organización de Baeza tras la conquista cristiana. Suponemos que buena parte de la población musulmana debió permanecer, y sabemos que se encargó de su tenencia, y por lo tanto de su organización y gobierno, el conde Manrique Pérez de Lara. Su labor era fundamental para asegurar la comunicación de Almería con Castilla. Del mismo modo y a través de varios documentos realizados por Manrique Pérez de Lara, aunque firmadas por el rey, sabemos que Baeza disponía de un concejo, que se nombraron a dos merinos (Martín Yáñez de Roda y Cristóbal de Burgos), a un sayón (Cabeza de Auengamma), posiblemente de origen andalusí, y a un alcaide de la fortaleza, Pedro García, al que se benefició en 1156 con la mitad de las aldeas de Tierzo y Bosuegra.

Este último acometió la empresa de repoblar parte de de su territorio, principalmente la zona de los accesos a la Sierra, con el fin de asegurar su control y defensa. Así mismo, el resto de las fortalezas del término de Baeza debieron contar con sus propios alcaides. Además tenemos noticias de otro de los beneficiados en la zona, un tal Abdelaziz Aboalil, vecino de Baeza, y posiblemente uno de los caudillos locales que aceptaron someterse al monarca cristiano, y a quien se define en los documentos como “Populator Baecie” a quién Alfonso VII donó en 1151 la aldea de Daralmouz y casa en Albarracín, en 1155 la localidad de Baños12 y en 1156 las de Bailén y Segral, situada esta última sobre el río Guadalimar. 

Por ello, sabemos que, en memoria de la ayuda prestada por San Isidoro en la conquista edificó en Baeza un convento de regulares bajo su advocación, que adornó con muchas riquezas. Este santo, considerado lugarteniente de  Santiago, se convirtió en el primer patrón la ciudad, apareciendo en los pendones que utilizó en posteriores conquista15. Sin embargo no duró mucho tiempo Baeza en manos cristianas, ya que el avance almohade truncó el sueño de Alfonso VII, y pese a los intentos del monarca cristiano por ampliar sus conquistas en al-Andalus16, en verano de 1157, perdía Almería frente al sayyid Abū Sa’īd ‘Utmān, hijo del califa ‘Abd alMu’min, que había sido nombrado gobernador de Granada. Una vez rendida la alcazaba de Almería, las tropas almohades fueron en persecución del enemigo y llegaron ante Baeza, cuya población musulmana los acogió como libertadores. En la alcazaba, una parte de la guarnición cristiana intentó resistir, pero la actitud de los habitantes la forzó a huir a Úbeda, contra la cual fueron también las tropas granadinas, ocupándola rápidamente, así como muchos castillos de la región17. Poco después, Alfonso VII moría cuando regresaba a Toledo, después de cruzar el puerto del Muradal –Despeñaperros–, en la aldea de Fresneda (debajo de una encina), enfermo y abatido al ver cómo su proyecto había fracasado.

María Antonia Carmona Ruíz 
Universidad de Sevilla

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