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La era del librecambio

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El tratado Cobden-Chevalier, o también conocido como "Tratado anglo-francés de 1860", fue un avance fundamental en el movimiento del librecambio, siendo un importante tratado comercial. Francia había optado por el tradicionalismo, y continuaba con una política proteccionista para lograr proteger a la industria textil de algodón de su gran competencia británica. El gobierno de Napoleón III, que consiguió llegar al poder con un golpe de Estado en el año 1851, llevó a cabo una política amistosa con Gran Bretaña. 


Tras la Guerra de Crimea, donde Gran Bretaña y Francia habían sido aliados, Napoleón III deseaba reforzar esos lazos de amistad. Además, a pesar de que Francia había continuado con su política tradicional, había una fuerte corriente de pensamiento que favorecía al liberalismo económico. Uno de los líderes más destacados de esta escuela fue el economista Miguel Chevalier, designado por Napoleón para el Senado francés. Chevalier convenció al emperador que sería totalmente favorable realizar un tratado comercial con Gran Bretaña. A pesar de ello, Napoleón intentó en la década de 1850 reducir la fuerte postura proteccionista de la política francesa, pero debido a la oposición del legislativo, la reforma exhaustiva de la política arancelaria fue incapaz de llevarse a cabo. 

La idea que predominaba en Gran Bretaña en esta época, después de su movimiento hacia el librecambio, era que las ventajas de esta política eran sumamente obvias y que los países restantes se adaptarían de manera espontánea. Por consiguiente, el tratado negociado por Chevalier y Cobden -que mantenían una relación de amistad-, a finales de 1859, fue firmado en enero de 1860. El tratado concluía que Gran Bretaña eliminaría todos los aranceles contra las importaciones de bienes franceses, a excepción del vino y el Brandy. Francia, por su parte, eliminó su supresión de importar productor textiles británicos y realizó una reducción de aranceles sobre una amplia gama de productos británicos. Una de las características más importantes del tratado, es que si una de las partes negociaba un tratado con otro tercero, la otra parte saldría beneficiada automáticamente. 

La consecuencia de esta red de tratados comerciales fueron eficaces. El comercio internacional, ya que había sufrido un aceleramiento conforme a las reformas británicas de los años 1840, produjo un incremento del 10% anual durante varios años.

La Gran Depresión y la vuelta al proteccionismo 
Otra de las consecuencias de la integración de la economía internacional que fue ocasionado por un comercio más libre, fue la sincronización de los movimientos de los precios a través de las fronteras nacionales. En la economía pre-industrial, las fluctuaciones de los precios eran generalmente muy bruscas, tanto en comercios locales, como regionales. Con el aumento de la industrialización y con ello el comercio internacional, las fluctuaciones pasaron a relacionarse con frecuencia con el "estado de comercio". Es decir, que las fluctuaciones en la producción, solían acompañar a las fluctuaciones en los precios. No obstante, si se producía una caída de los precios, podía prolongarse durante varios años, mientras que una caída de la producción sería generalmente breve.


En prácticamente todos los países de Europa y también en los EE.UU, los precios alcanzaron su punto máximo a principios de siglo. Por tanto, hasta mitad de siglo, a pesar de las fluctuaciones a corto plazo, la tendencia secular fue descendente, y en este caso, de nuevo, las causas fueron tanto reales (innovaciones tecnológicas) como monetarias (pago por parte de los gobiernos de las deudas de la guerra). Los precios experimentaron un alzamiento en la década de 1850. En 1873, tras una expansión de varios años, se produjo un pánico financiero en Viena y EE.UU que se extendió rápidamente por la mayoría de las naciones industriales. La consecuente caída de los precios duró hasta mediados o finales de la década de 1890 y fue conocida en Gran Bretaña como la “Gran Depresión”


Finalmente, los descubrimientos de oro en Sudáfrica, Alaska, Siberia y Canadá invirtieron la tendencia descendente de los precios y los empujaron suavemente hacia la cima de nuevo hasta la I G.M., que trajo consigo una fuerte inflación. La depresión que siguió el pánico de 1873 fue probablemente la más aguda y generalizada en la era industrial hasta aquella fecha. Los industriales culparon equivocadamente al aumento de la competencia internacional como consecuencia de los tratados comerciales, lo que tuvo como resultado peticiones más insistentes del volver al proteccionismo, a las que se unieron los agricultores. 

Muchos achacan esta crisis de 1873 a la llegada a Europa de trigo barato procedente de las granjas mecanizadas de Canadá. En Europa, los empresarios agrícolas no pudieron competir con estos precios y la respuesta de la mayoría de los gobiernos de Europa fue poner en vigor, de nuevo, el proteccionismo. Fue así como se volvieron a imponer políticas proteccionistas en muchos países. Durante la vuelta al proteccionismo hubo, con todo, algunos núcleos librecambistas resistentes, sobre todo Gran Bretaña. Además, hubo otros núcleos librecambistas como Holanda, Bélgica y Dinamarca.

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