Pedro Sánchez, el peor presidente de la democracia - Diario Alcázar

Pedro Sánchez, el peor presidente de la democracia

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Parecía imposible hacerlo peor, Mariano Rajoy había dejado el listón muy alto, pero no parece haber fin en el camino tortuoso de desvergüenza nacional que atraviesa España desde hace décadas. Continúa así la condena perpetúa no revisable de la democracia en nuestro país: siempre se puede ir a peor.

Todo comenzó con un joven Adolfo Suárez, ex-secretario general del Movimiento Nacional, que abriendo (o entregando) nuestra economía e industria, comenzó el proceso de auto-destrucción para posterior inicio de la venta de soberanía nacional a manos extranjeras. Encabezando la UCD logró liquidar el Estado Nacional para dar paso al nuevo régimen. Comparado con los políticos de hoy, sin duda, podríamos llegar hasta decir que ha sido el mejor presidente de la nueva democracia en nuestro país. Pero siendo justos y en honor a la verdad, todos los que han venido después se lo han puesto francamente fácil.




Tras UCD, vino Felipe Gónzalez, del que ya poco más se puede añadir, que no vaya ya a juzgar la historia. El cuento de siempre: socialista ultra-financiado dice acabará con la desigualdad y la injusticia social, para luego perpetuar las políticas capitalistas, y de paso, perpetuarse personalmente en lo más alto escalafón social. 




José María Aznar, el nuevo presidente del nuevo cambio en España, no lo hizo mucho mejor. De hecho superó con creces a su predecesor en la des-vergüenza nacional. No olvidemos los pactos de gobierno con Jordi Pujol y los independentistas, ni que estos lograron en horas lo que con Felipe no habían conseguido en ocho años. También fue quién abrió las puertas a la inmigración masiva e ilegal.




Su sucesor en el cargo José Luis Rodríguez Zapatero, pareció tomarse muy en serio aquello de ser el número 1 en la lista de peores presidentes de la democracia española. Con él comenzaron las leyes revanchistas de Memoria Histórica, las absurdas leyes LGTBi, las leyes de desigualdad, las concesiones a ETA, y como guinda al pastel dejarnos a los españoles uno de las crisis económicas más duras de nuestra historia reciente.



El cambio político, encarnado por Mariano Rajoy Brey, más que cambio fue lavado de cara. Quizá ni eso. El gobierno del PP mantuvo a raja tabla todas las leyes de Zapatero, limitándose a gestionar el legado recibido del PSOE. Los múltiples recortes en gastos sociales y su ineptitud ante "proces de Catalunya", abordándolo con una pasividad absoluta, lo ha llevado ser cómplice directo de cuantos desmanes se han producido en dicha región. Además, su negativa a dimitir en la moción de censura del PSOE, condenó a España al último letargo de la larga lista de insidias nacionales.




Y en eso llego Sánchez. Nadie lo votó, pero así es la democracia en España. Que nadie se atreva a cuestionar nada. Desde su llegada, Pedro Sánchez ha conseguido una vez más el hacer bueno a cualquiera de sus antecesores. Si Zapatero nunca se atrevió a tocar el Valle de los Caídos, ni exhumar al General Franco, Pedro Sánchez ha querido ir un paso más allá en la destrucción de la convivencia de los españoles. Si gobiernos anteriores no abrieron lo suficiente las puerta de nuestras fronteras, ya era hora de tenerlas de par en par. Y si las exigencias que "se imponen" a los separatistas eran demasiado blandas, también era de hora de transigir hasta la complicidad absoluta con quiénes abiertamente quieren liquidar el Estado. Por último, no hay que olvidar la repetición del Cuento histórico de siempre: "socialista ultra-financiado dice acabará con la desigualdad y la injusticia social, para luego perpetuar las políticas capitalistas, y de paso, perpetuarse personalmente en lo más alto escalafón social. "




Si bien en otros países la democracia y su fundamento es pleno, como es el caso de Estados Unidos o el Reino Unido -sin importar pues la cuestión monarquía-república- cuyas naciones poseen una democracia consolidada que sirve eficazmente, para sus propios intereses, al Estado, y sin que nadie ponga en cuestión dichas estructuras. 

Muy al contrario que en España, cuyos experimentos democráticos han hecho saltar por los aires durante todas sus épocas, sin excepción, las propias estructuras del Estado. 

Muchos todavía lo achacan a la poca "cultura democrática" del pueblo español, obviando tal vez la responsabilidad absoluta de las ineptas clases dirigentes. ¿Quién será el próximo presidente? ¿Se puede ir a peor? Sin duda, parece que nunca se va a parar de tocar fondo.

Ramiro.

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