Del olvido y la mentira (recordando a Rafael Sánchez Mazas) - ALCÁZAR


Del olvido y la mentira (recordando a Rafael Sánchez Mazas)

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Releía yo hace unos días dos magistrales artículos del pensador y filósofo Julián Marías, discípulo y seguidor de Ortega y Gasset, el ya famoso “la vegetación del paramo” (1977) y otro de veinte años después, recordando aquel, y que se llamó “¿Por qué mienten?”. 

En ellos, D. Julián, nada sospechoso de apoyo al régimen franquista, por el que fue encarcelado durante unos meses y posteriormente postergado en su carrera dentro de la Universidad, merced a la denuncia de un supuesto amigo, abordaba, en los albores de la transición y luego tras veinte años de régimen democrático, en el transcurso de los cuales constata que continua sin cambiar nada, la mentira que se urdió, primero desde el exterior de España y luego fomentada y propagada en las escuelas y, sobre todo, Universidades, entre jóvenes cuyo conocimiento de la verdad histórica era un papel en blanco. Esa mentira no era otra que la vida intelectual en la postguerra, a partir de la victoria del bando nacional y, prácticamente en los cuarenta años que este duró, había sido un “páramo cultural”.
Hoy, D. Julián, desgraciadamente, podría escribir, sin temor a equivocarse, una tercera entrega de ese primer artículo, y, si cabe, con mayores motivos.

La condena al olvido y el ostracismo de la que yo hablaba el otro día en referencia a mi admirado Samuel Ros, no ha sido, y sigue siendo, por ya demasiado tiempo, desdichado patrimonio de unos pocos, sino condena inmerecida para muchos, de los que decía Marías en su artículo seminal, “Pero pienso que no son buenos botánicos los que hablan del “páramo” y se les pasa esta frondosa, esperanzadora vegetación, que pudo brotar en el clima más inhóspito, sin abono, sin cultivo, mientras tantos intentaban simplemente descastarla».

Y esto, que quizá tuviera cierta justificación recién finalizada la contienda, debido a la propaganda lanzada desde la mayor parte de los países europeos y el odio y afán de revancha de los vencidos, no es posible que siga persistiendo hoy en día, rebasados los cuarenta años de la defunción del régimen de Franco. Y no lo es no solo porque se hurta a todos los ignorados de la fama y el reconocimiento que merecerían sino porque también se está privando a muchas personas, inquietas intelectualmente y sin prejuicios políticos ni ideológicos, del conocimiento de una riqueza cultural e intelectual enterrada bajo toneladas de demagogia y deseos de venganza mal reprimidos.

Les aconsejo relean, si les place, los dos artículos citados, en ellos se hace una sucinta, y forzosamente incompleta, dada la concisión que debe tener un artículo periodístico, de autores, pensadores e intelectuales relegados o, como mínimo, menospreciados por la democracia posterior al 75, pero hay muchos más, algunos los citaba yo en mi artículo “la soberbia ignorancia”, y hoy quiero recordar especialmente a Rafael Sánchez Mazas, ideólogo y fundador de Falange en cuya primera junta Directiva se integró.

En febrero de 1934 compuso “Oración por los muertos de la Falange', que quiero recordar y que culminaba con estas bellas palabras: “Danos ante los hermanos muertos por la Patria perseverancia en este menosprecio hacia las voces farisaicas y oscuras, peores que voces de mujeres necias. Haz que la sangre de los nuestros, Señor, sea el brote primero de la redención de esta España, en la unidad nacional de sus tierras, en la unidad social de sus clases, en la unidad espiritual en el hombre y entre los hombres, y haz también que la victoria final sea en nosotros una entera estrofa española del canto universal de tu gloria“.

De parte de su peripecia vital, su conducción en 1939 al santuario de Santa María del Collell junto a otros prisioneros para ser ejecutado del que se escapó un 30 de enero antes de ser fusilado, refugiándose en una masía gerundense junto a tres soldados republicanos que habían huido de la retirada y pasando luego con ellos a zona sublevada, dió cuenta en parte el libro, y posterior película “Soldados de Salamina” y no quiero abundar en ello, pero si decir que, tras la guerra civil, y ocupando diversos cargos en los Gobiernos de Franco, intercedió por bastantes personas que no procesaban su ideología, como ocurrió con el gran poeta Miguel Hernández, por el que abogó para que se le conmutara la pena de muerte.

¿Cuántos hoy en día han leído o, al menos, conocido, esas dos grandes novelas de la literatura española de los años de postguerra que son “La vida nueva de Pedrito de Andía” publicada en 1952, y “Rosa Krüger”, que fue publicada en 1996 (si bien fue escrita cuando Sánchez Mazas estuvo refugiado en la Embajada chilena en Madrid y la leía cada noche por entregas, a modo de folletín, a los que con el allí se protegían, pero que nunca, hasta ese año de 1996, se vió publicada en su integridad)?

Un fragmento de “La vida nueva…”, una narración donde el escritor, milagrosa y prodigiosamente, pues la escribió con más de cincuenta años, se pone en la mente y el corazón de un pequeño desde sus siete años y hasta su primera adolescencia y descubre, por vez primera, el amor, nos habla a las claras de la sensibilidad y hermosa candidez de esta obra que debería figurar entre las mejores de nuestra literatura:

“El amor- le explicó a Pedrito el padre Cornejo, su maestro- era un deseo grande de hermosura y , como la mayor hermosura es la del alma, el amor perfecto es darlo todo, ofrecerlo todo, hasta la vida, para que la persona a quien queremos tenga un alma hermosa, que es como decir sin mancha de pecado alguno”.
Si no lo han hecho, lean la obra de Sánchez Mazas. Rescátenlo de la injusticia y el olvido.
José María Ramírez Asencio

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