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España es diferente, sus cómicos no

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José María Ramírez Asencio
El eslogan ideado en los 60 por Manuel Fraga Iribarne  cuando ocupaba el Ministerio de Información y Turismo quizá no pueda aplicarse a muchas facetas de la Nación española pero en lo que, sin duda, esta es diferente, es en la asunción por los propios españoles de esa leyenda negra que, primero desde naciones extranjeras, celosas de las gestas que durante siglos realizó el Imperio español donde, recordemos, hubo una época en que no se ponía el sol, se ha venido predicando durante siglos y que, en particular la izquierda rencorosa y el separatismo disgregador, que tienen entre sus principales señas de identidad el odio a España y lo español, sean su bandera, su himno o su historia, han enarbolado, y siguen haciéndolo, exhibiendo, aparte de su sectarismo, una ignorancia infinita.

Muestras tenemos abundantes y frecuentes, desde la anticapitalista gaditana Teresa Rodríguez, que, sin ningún pudor intelectual, reivindicó el “esplendor” de Al-Andalus, contraponiéndolo al “oscurantismo” de la época de los los Reyes Católicos, que, según la pareja del Kichi, cumbre del pensamiento podemita, retornó al Medievo a la región andaluza, hasta la dejación de funciones por parte del Ministerio de Cultura comandado por José Guirao (cuya única y mínima disculpa sería entender que no sabe nada de historia porque lo suyo es el arte pictórico…) a la sazón, ¿casualidades de la vida?, compañero de pupitre en la Universidad de Granada del flamante Director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero, otro entusiasta izquierdista seguramente muy apegado intelectualmente a la leyenda negra, Ministerio que se niega a conmemorar los 500 años de la llegada a Veracruz y el comienzo de la conquista de México de ese personaje universal, hito de las gestas conquistadoras y portadoras de civilización, comparable sólo quizá con Alejandro Magno, que fue Hernán Cortés, alegando que es un tema “complicado”, en una muestra más de esa cobardía acomplejada propia de la mayor parte de la izquierda española y de no poca derecha.



Y, como éramos pocos, llegó hace unas semanas la “gran fiesta del cine español”, como sus propios convocantes la denominan (hace falta ser soberbios), donde ellos se lo guisan y se lo comen, se autopiropean unos a otros y se creen con una superioridad moral, la típica de la izquierda patria, que ellos suponen les imbuye de una cierta “cultureta” (de TBO), y que les faculta para dar credenciales de demócratas o no demócratas, y, lo que es peor, para negar la existencia de un partido político votado por miles de españoles por el hecho de que no les gusta lo que este partido proclama.

El problema para ellos es que a este partido, que no es otro que Vox por supuesto, le resbala, dicho coloquialmente, lo que estos cómicos de medio pelo, actorzuelos de andar por casa, directores pijoprogres y guionistas iletrados digan sobre el (como ese tal Gobeaga, cuyo mayor timbre de gloria ha sido coguionizar algo llamado “Ocho apellidos vascos”, que estaba nominado por esa cumbre de las letras que debe ser “Superlopez y que, haciendo patente su ignorancia de proporciones astronómicas, llamó al héroe español Blas de Lezo, para el que VOX pedía la gran película que se merece, “conquistador demediado”, calificativo que encierra dos falsedades, la primera, que el grandioso Blas de Lezo nunca conquistó nada, y la segunda que, a causa de su heroicidad, estaba cojo, tuerto y con brazo inutilizado, pero nunca partido por la mitad que es lo que, aunque el indigente intelectual Cobeaga lo ignore, significa el vocablo demediado).



En esto no se diferencian mucho los titiriteros españoles de los de otras partes del mundo. No hay más que asistir a cualquier ceremonia de entrega de premios de cine, televisión o música en Estados Unidos: todos riendo las gracias de presentadores sin ella y todos abonados a la corrección política, comenzando por calificar a Donald Trump de abominable criminal, racista, xenófobo y machista y pasando por criminalizar a todos los hombres por el hecho de serlo aplaudiendo esa absurda corriente femifascista denominada MeToo.

Lo dicho, España es diferente, pero sus cómicos son del montón.

1 comentario:

  1. Aquí la ausencia de cultura ya queda clara viendo en nombre, Goya. Este señor era un pintor de entre finales del siglo 18 y principios del 19, no sé que tiene que ver con el cine. La porquería de cine que hacen que lo paguen ellos de su bolsillo. Los buenos actores que ha tenido este pais, como José Luis Lopéz Vázquez, Toni leblanc, entre mucho otros ya murieron y apenas queda ninguno. De los de ahora, el que llega a la categoria inferior a la de mediocre ya es una proeza personal para ella o él...

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