Lo que nos jugamos - ALCÁZAR


Lo que nos jugamos

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José María Ramírez
Asisto, no sin cierto estupor incrédulo, al desarrollo de esta precampaña electoral. Mientras el individuo que okupa la Moncloa, el Falcon y el presupuesto, nos procura un acercamiento cada vez más suicida a una crisis económica aún peor que la que sufrimos hace unos años, y que aun no estaba totalmente superada, despilfarrando el dinero de todos, haciendo promesas faraónicas y aprobando Decretos Leyes con medidas demagógicas destinadas única y exclusivamente a la compra del voto atolondrado de todos aquellos, y son muchos desgraciadamente, que no ven más allá de su propia nariz, con el claro propósito de que toda España se convierta, conforme al inveterado modelo de la Andalucía susanista, en una población dependiente del subsidio y la ayuda pública, en lugar de una sociedad dinámica donde la gente se procure su propio bienestar mientras la Administración pone los medios para ello, un proyecto indisimulado consistente en convertir al partido de Sánchez, que ya no es el PSOE sino un partido personalista o una persona que es en sí misma un partido, en un remedo del PRI mejicano, aquel que Vargas Llosa definió como la “dictadura perfecta”, caracterizada por utilizar “la retórica demagógica para eternizarse” y por “la permanencia, no de un hombre, pero si de un partido, y de un partido que es inamovible”, con la salvedad de que aquí el partido es el hombre y viceversa.

Mientras, en una actuación probablemente constitutiva de malversación de caudales públicos, que debería ser denunciada por tierra, mar y aire, se utiliza un organismo del Estado, que no de partido (el CIS), para hacer burda propaganda del PSOE, o mejor dicho, de Sánchez, con encuestas increíbles y declaraciones inadmisibles de su Director, ese comisario político de apellido Tezanos, tachando de nacional socialistas, o sea nazis, a PP, Ciudadanos y Vox.

Mientras el propietario de ese Doctorado fraudulento que, de haber pertenecido a alguien del PP, lo hubiera llevado a la cárcel y al Juzgado, sigue negociando con los separatistas, prometiéndoles bajo cuerda un indulto seguro si son condenados y el reelegido, un referéndum futuro y la recuperación de un Estatuto inconstitucional, vendiendo así España a cambio de cuatro años de sillón presidencial, y el líder del PSC proclama sin ambages en el diario vasco Berria que la democracia debería buscar una solución si el 65% de los catalanes estuviesen a favor de la independencia en Cataluña (Iceta, ¿y que importa que sean el 65 o el 82 por ciento, si el que debe decidir sobre la soberanía nacional es el pueblo español en su conjunto?). Mientras se prepara otro Gobierno apoyado en todos los enemigos de España.

Mientras ese Ministro de Exteriores que hace tiempo perdió la dignidad (justo en el momento en que un gañan de Esquerra republicana le escupió y todo su partido, encabezado por la inane Adriana Lastra, dijo que no habían visto nada, y el, en lugar de irse a su casa siguió cobrando de todos los españoles) abandona una entrevista en la televisión pública alemana donde le preguntan por una reforma constitucional para conceder la independencia a Cataluña y, al tiempo, no hace ningún tipo de declaración
cuando Iceta dice lo que dice.

Mientras padecemos el más traidor y mentiroso Gobierno de España en toda la democracia, en encarnizada pugna con el del infame Zapatero, un Gobierno que agita los restos de Franco para enfrentar de nuevo a los españoles en una absurda diatriba que a nadie le preocupaba hasta que Sánchez la puso en el primer punto de su agenda guerra civilista.

Mientras, en suma, nos estamos jugando ni más ni menos que el ser o no ser de nuestra Nación tal como la conocemos, de la soberanía nacional, de la Unidad de España, que llevó tantos siglos construir y mantener y que un Gobierno sin principios morales ni éticos, a imagen y semejanza de Sánchez, un individuo huérfano de escrúpulos, podría asolar y devastar en poco tiempo.

Mientras todo eso ocurre, los partidos que lo podrían impedir se pelean y menosprecian entre ellos, en un juego egocéntrico y egoísta, sin ninguna altura de miras ni talla de política de Estado (citando a Azaña, ese gran icono de la izquierda pero que perteneció, con todos sus múltiples y culpables defectos, a otra estirpe de políticos, con mayor categoría intelectual, “Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”) y, en lugar de emplear todas sus energías en poner de manifiesto que Sánchez es letal para España y su continuidad histórica y en defender la Corona y la unidad de la Nación, se emplean en una lucha cainita amen de suicida, en una estrategia que parece diseñada por el enemigo, o sea, por Sánchez. En este caso, cabría, con el inmortal Ortega y Gasset decir “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”, porque de esa hemiplejia parecen aquejados todos aquellos que viendo como, poco a poco, se socavan los cimientos de nuestra Nación, en una tarea en la que llevan los políticos de uno y otro signo empeñándose más de cuarenta años, no hacen nada por detener y revertir ese
proceso.

Sánchez es, lo digo sin ambages porque así lo viene demostrando, un enemigo del pueblo español y contra él hay que dirigir todas las energías. Santiago Abascal acaba de decir: PP y Ciudadanos se reparten cargos en lugar de hablar de parar el golpe de estado. Pues bien, de eso es lo único que tendríamos que hablar en esta próxima campaña, de la continuidad de España como la Nación grande y unida que desde hace siglos ha sido.

Porque, de nuevo parafraseando a Azaña, que dijo “Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España.”, habría que decir: os permitimos que no os importe el Estado pero no que no os importe nuestra Patria.

José María Ramírez Asencio 

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