Tu aplauso: un voto - ALCÁZAR


Tu aplauso: un voto

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Reflexión gaditana sobre la coherencia. 

Nuria de Madariaga
Los capitanes de Vox andan por toda la geografía vomitando verdades y acaparando aplausos. Llenos completos, españoles enardecidos con ansias de reivindicar “lo nuestro”, que creíamos perdido por mor de políticos amorfos que habían transformado las villanías en respuestas merengosas. ¿Qué dice el afortunado (por pensión y prebendas) Jose María Aznar que alguien se atreva a llamarle “blandito” mirándole a los ojos? Yo se lo llamo. Porque ¿No se nutrieron y florecieron a su vera los independentismo? ¿O es que fue él quien propició que se hiciera justicia con el clan Pujol? Permisividad y compadreo y la Junta de Andalucía campando por sus respetos. ¿De qué va a dar lecciones? Ahora que después llegó Zapatero y fue el desmadre. Moralina de mazapán pasado de fecha. Nada que no se pueda remediar desde la coherencia. 

Aplauden a Vox y, por coherencia, cada aplauso ha de convertirse en un voto, sin temor a represalias. Y puestos a remover ese invento rencoroso de la Memoria Histórica, vamos a recordar los saqueos, destrozos e incendios de iglesias y conventos, lo más exquisito de nuestro patrimonio artístico, adobados con asesinatos de curas y monjas de la República, allá por 1931 y 1932. Y la jodienda de la polémica es que, los descendientes ideológicos de aquellos cafres aún no han pedido perdón. Ni indemnizado por daños y tropelías. 

Lo dice esta escribidora que tiene a su tío abuelo Lorenzo Iniesta Huertas, de 22 años, estudiante de Derecho que fue detenido en Madrid en los sótanos del cine Rialto cuando él y otros compañeros trataban de salvar los archivos de la Falange. Todos directos a la checa de Fomento y de allí a Paracuellos por orden de Santiago Carrillo, asesinado junto a otros miles de criaturas civiles. También me gustaría recuperar sus restos y hacer el ADN y tener justicia. Pero la justicia para los asesinados fue el regreso victorioso de Carrillo para ocupar un escaño en el Congreso. Los descendientes de todos aquellos tragamos quina en nombre de la reconciliación y en honor de acabar con las dos Españas sin saber, que ochenta años más tarde regresarían si cabe con mayor virulencia y chulería. Pelillos a la mar. Y una mierda para sus bocas. 

“Mejor no meneallo”. Nosotros venimos sin hemofilia política. Nuestras heridas no sangran porque fueron sabiamente cauterizadas por el amor a la España de todos y que funcione para todos por igual. Y que se reconozca como norma constitucional el derecho a la felicidad. ¿Y qué se necesita para ello? Pues el techo que nos da cobijo, el trabajo que nos da el pan, los maestros que digan aquello de que decía la madre de Millán Astray “hijo estudia que de los libros sale el pan”. Y la seguridad porque sin ella no hay libertad. La delincuencia, los crímenes y la inseguridad ponen de rodillas a la libertad. ¿Para qué quiero el espejismo de la libertad que aparece en el texto constitucional en negro sobre blanco y letra redondilla si andan sueltas manadas de violadores y España es Eldorado de las mafias extranjeras y la indefensión ciudadana es total?. Coherencia. Llamo a la coherencia. 

Y esta vez lo hago en nombre de nuestro candidato el general Rosety y de su batallón de candidatos por Cádiz cada uno de ellos más bonito que un San Luis, gente de honor y gente que es “como Dios manda”. Será que Dios manda en todo lo bueno y lo bello del Universo. Por ellos doy la cara y por ellos pongo la mano en el fuego y en la vitrocerámica y si además de mi mano se calienta una cafetera me tomo un café sólo a la salud de ustedes, porque los españoles somos de la leche de que “el que no corre vuela” y detestamos el proverbio de la sabiduría milenaria tibetana que dice “mucho te quiero perrito pero pan, poquito” preferimos el que aparecen las Cantigas de Alfonso X el Sabio y que dice “aceitunita comida huesecito en mano”. Los de Vox tenemos mucha cultura. 

Cómo mi general Rosety que lleva en el alma la Historia Militar de España y en los huevos, con perdón de la aseveración, los redaños de un príncipe de la milicia, muy capaces de defendernos a todos los que transformemos nuestro aplauso por su bonhomía, en un voto. A la postre y en plan coloquial, hace mucha ilusión una lista electoral encabezada por un General y con un coronel por ahí que encima es ingeniero y expertos por allá. Aplaudo porque los considero muy capaces de dar la cara por mí y por mis hijos. Ellos son la troje de la mies. Tu aplauso: un voto.

Nuria de Madariaga
Periodista y abogada

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