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Volver

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Renace Alcázar. ¿Quién sabe su futuro? Lo único cierto es su destino, su fin: dar voz y plantar cara.
 

Volver ¿con la frente marchita? Puede ser. Y es que las nieves del tiempo, así es, platean la sien, pero el ademán siempre decidido. Quizás en ello estribe la diferencia entre lo marchito y la experiencia. No hay que ser tendencioso y confundir o, mejor dicho, solapar al uno con el otro; no se es marchito por tener experiencia (conocimiento, edad…), se es marchito cuando ya no hay un remedio.

 

Con este casi trabalenguas presento mi candidatura en este renovado y experimentado Alcázar —quién me lo iba a decir—como colaborador.

 

Leo muchos otros medios de comunicación y/o difusión, que no siempre es lo mismo, y contemplo con cierto desasosiego que hay un común denominador por callar las voces del resto del pueblo que no son ellos, que no atienden, no se resignan, no dobla rodilla ni cerviz al actual globalismo enfrascado en enfrascarnos, valga el juego de palabras, en un buenismo sumiso; un buenismo disfrazado de pluralidad, de igualdad y de no sé qué más cuentos para niños y los que, como estos, muchos han comprado con la vitola de progresismo, antifascismo, resiliencia y no sé cuántas trolas más. Y justo eso, resiliencia, es lo que no hay que tener ni mostrar ante la perversidad y la perturbación política, económica y social de hoy. Adaptarse al sistema cuando el sistema hace aguas es  como querer ser barca con el mismo material defectuoso, corrompido, roto, de un barco que se hunde. No se trata de adaptarse sino de rebelarse.

 

Leo, como decía, muchos medios que en papel o en digital se encargan de limar, limpiar, acomodar, hacer encajar sí o sí y doblegar la voluntad y la verdad en pos de unos réditos espurios, vanos y vagos a favor del interés del propio pueblo español en no pocos casos y, sobre todo, en contra de la libertad del individuo, como tal y como colectivo. Renace Alcázar. ¿Quién sabe su futuro? Lo único cierto es su destino, su fin: dar voz y plantar cara. Ser discordante, disonante, disidente de las voces que pretenden hablar por todos y juzgando y sojuzgando a todo aquel discrepante.

 

No se rinde el Alcázar, no. Vuelve. Con la frente marchita, puede ser, y plateada la sien. Pero con el ademán impasible, combatiente. Como debe ser.


Juan Antonio Carrasco Lobo 

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