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Cine para entender Afganistán

Por Sergio P. Martínez de Maturana, abogado y escritor. 

Se acerca el fin de semana y a falta de mejores ideas, ver cine en casa puede ser un buen plan. Podríamos empezar por una de acción, “Rambo III”. La cinta dirigida por Peter MacDonald en 1988, cuenta cómo el coronel Trautman pide ayuda a John Rambo para luchar contra los rusos y combatir la invasión soviética en Afganistán. En esta tercera entrega de Acorralado, que haría tan famoso a Sylvester Stallone, veremos a un Rambo que empatiza con la causa talibán y que sufrirá junto a un niño afgano la represión que los soviéticos imponen sobre una población inocente. Los talibanes son descritos como pobres pastores de cabras que, a fuerza de ser oprimidos se han visto obligados a tomar las armas para liberar a su pueblo. ¡Toma propaganda republicana a mansalva! 

Para seguir, una de tramas políticas basada en una historia real. “La guerra de Charlie Wilson”. Esta soberbia película rodada en 2007 por el director Mike Nichols, nos cuenta cómo el congresista republicano Charlie Wilson (Tom Hanks), una millonaria de Texas, Joanne Herring (Julia Roberts) y un agente de la CIA de segundo nivel, Gust Avrakotos (Phillip Seymour Hoffman) se unen para crear un fondo económico para apoyar a unos guerrilleros afganos (los talibanes) que hasta ese momento no han sido capaces de oponer una efectiva resistencia a los invasores rusos. Armando a los guerrilleros, los Estados Unidos consiguen debilitar a la Unión Soviética y Afganistán se convierte en una de las causas más determinantes para el final de la Guerra Fría. 

Con estas dos películas podemos entender cómo los Estados unidos crearon este monstruo, el de las guerrillas fundamentalistas islamistas, lo sacaron de paseo y ahora no son capaces de devolverlo a la jaula. 

Pero si queremos entender cómo se sentirán los afganos que al final estarán solos frente a los talibanes una vez que el Aeropuerto de Kabul se cierre, podemos disfrutar de la galardonada cinta de Roland Joffé “Los gritos del silencio” (1985). La película cuenta con una soberbia banda sonora compuesta por Mike Oldfield y un espectacular elenco de actores entre los que destaca un jovencísimo John Malkovich, Sam Waterston y Haing S Ngor en los papeles principales. En esta película basada en hechos reales se cuenta la historia de un traductor y guía de prensa extranjera, Dith Pran, el colaborador del New York Times, Sydney Schanberg y su fotógrafo Alan Rokoff. Incluye las dramáticas imágenes que describen la caída de Nom Pen y los intentos desesperados que hacen los colaboradores de los extranjeros para evitar caer en las garras de los comunistas Jemeres Rojos, que habían derrocado al régimen corrupto que gobernaba Camboya. Viendo esta película, podemos imaginar cómo ve a ser la vida de todos aquellos que han colaborado con las fuerzas occidentales para tratar de instaurar la democracia durante los últimos veinte años.

Para terminar, una de operaciones secreta y espías. Una vez más basada en hechos reales. La reciente “Argo” de 2012, en la que Ben Affleck dirige y protagoniza de manera magistral la historia de un agente de la CIA que lidera una operación secreta para liberar a los funcionarios norteamericanos refugiados en la embajada de Canadá. Se deja ver la debilidad de la administración Carter y el terror que infunden en la población y los extranjeros las milicias de la Revolución Islámica de Irán. 

El cine no nos dejará mentir. La bestia creada por los Estados Unidos de América, los talibanes, han derrotado a las Naciones Unidas, a la civilización. El plan creado por Barak Obama en 2009 para salir de Afganistán se ha culminado con éxito, devolver el terror al pueblo afgano. Las mujeres dejaran de poder ir a las escuelas y se las lapidará, a los homosexuales se les volverá a condenar a la horca y al ladrón se le cortarán las manos. Este plan del Partido Demócrata norteamericano de devolver Afganistán a los terroristas por una cuestión de debilidad, como la que se perfila en “Argo” cuando el demócrata Jimmy Carter no fue capaz de dar una respuesta a la Revolución de los Ayatola. Los mimos políticos demócratas que más recientemente provocaron la llamada “Primavera árabe”, que tuvo más de otoño y que el único objetivo del binomio Obama-Clinton fue desestabilizar el Mediterráneo para debilitar a Rusia y la Unión Europea. 

Las Naciones Unidas han demostrado su total ineficiencia al tiempo que la OTAN, dependiente de jefes de gobiernos de muy baja calidad, no ha sido capaz de doblegar a unos terroristas que cuentan con el apoyo necesarísimo de Paquistán y la ayuda económica y militar de Rusia y China, que sólo le han devuelto a Estados Unidos el golpe que se relata tan bien en “Rambo III” y “La guerra de Charlie Wilson”.  

Hay una generación completa de afganos que han nacido y crecido en una democracia. Mujeres que han podido ir a las escuelas, que se les ha permitido vivir su sexualidad, que su testimonio en un juicio no valía la mitad que el de un hombre. Afganos que después de veinte años de libertad, volverán a estar sometidos a aquellos que volaron con dinamita los Budas Gigantes de Bamiyán. 

Una traición a un pueblo que se abandona por cuestiones de índole político y económico mientras se defiende lo contrario en otras muchas partes del mundo. La vergüenza de Occidente, una vez más por la falta de liderazgo de las democracias.  

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